mercredi 18 février 2009

¿Qué es eso que tienes en tu mano?

Recuerdo una de las cosas que me inquietó en un principio antes de venir a estudiar a Toulouse: el encontrar un lugar para reunirme, y debo dar las gracias a Don Eglón Harris por haberme proporcionado el contacto de la Iglesia donde ahora asisto. Pero, éstas serían unas pocas líneas para narrar una de las experiencias más hermosas que he tenido y la cual no puedo pasar por alto. Por lo que me gustaría hacer una breve descripción de ese suceso.

Era un sábado caluroso, aquél 6 de junio, y aunque habían pasado ya tres días de mi arribo a la nueva ciudad, aún tenía esa extraña sensación de nostalgia por lo dejado atrás, la emoción por lo nuevo a descubrir y a la vez en mi mente un sin fin de inquietudes que comenzaban a acumularse: la recepción en la escuela y la inscripción, los trámites de residencia, la apertura de mi cuenta bancaria, el transporte...tantas cosas que iban apareciendo cada vez más pero a pesar de ello, en mi corazón pesaba con mayor fuerza la emoción por descubrir el lugar que el Señor tenía preparado para reunirme.

Así, entre todo ese torrente de ideas, aquella noche tomé la dirección que tenía escrita en una tarjeta y comencé a buscarla minuciosamente en el mapa. Para mi fortuna, descifrando toda esa maraña de calles y avenidas, pude encontrar la dirección y me di cuenta que a pesar de estar lejos, se hallaba muy próxima a una de las estaciones del metro de la misma línea "B" que pasa por el apartamento. Pues decidido, al otro día domingo me alisté muy temprano para tomar el subterráneo y estar a tiempo en la Iglesia.

Extraño pero, esas ocho paradas hasta mi destino fueron tan rápidas y aunado al nerviosismo, el pulso en mi pecho era cada vez más fuerte; recuerdo que la salida daba a un cruce con varias avenidas y como no había interpretado muy bien el mapa en ese punto, me costó trabajo encontrar la calle que debía tomar, entonces comencé a caminar sobre una amplia avenida y lo curioso es que recuerdo no haber visto a ninguna persona, ni siquiera carros (ahora sé que los franceses se toman muy en serio el descanso los domingos) y en aquel momento percibí una ciudad desolada, de cualquier forma me apresuré, aún dudando un poco de mi dirección y no había caminado mas que unos cuantos pasos cuando de pronto, como un golpe asestado a mi noción, escuché un grito detrás de mi: ¡Hey!... al voltear, inmediatamente vi a un joven que aproximándose a mi, dijo algo en francés, cosa que por supuesto no entendí, pero dándose cuenta que yo no era de allí, me preguntó en Inglés si buscaba algo, con total sorpresa, respondí que sí, y le mostré la tarjeta con la dirección apuntada y recuerdo el asombro en sus ojos a la vez que exclamaba: ¡Es mi Iglesia! y sin más él me encaminó hacia allí.

Durante nuestro trayecto él se presentó y dijo algo que jamás olvidaré: -¿Sabes? ¡te vi desde que venías en el metro y sentí que tenía que hablarte pero quise esperar, mas cuando descendiste te perdí de vista un momento y pensé que habías seguido de largo, pero luego observé que tomaste la misma calle y de inmediato intuí que buscabas la Iglesia! Ya en el templo los hermanos me recibieron con muchas atenciones y el hermano Daniel (anciano de la Iglesia) me presentó delante de ellos, y para mi sorpresa, hablando en español. ¡Gran alivio para mí!

El chico se llama Patrick, nacido en Suiza pero de padres con origen marroquí, tiene un hermoso testimonio y participa en muchas de las actividades dentro de la Iglesia y además es miembro responsable de Agape France (asociación para evangelización) ahora es uno de mis mejores amigos aquí en Toulouse y desde ese día el suceso quedó grabado en el corazón de ambos, él siempre me recuerda: sabes, aquí en Francia casi no veo gente bien vestida en día domingo y mucho menos veo a personas con una Biblia en sus manos caminando por la calle...

Esta ha sido mi experiencia y es una de las más hermosas que he tenido no solo aquí en Toulouse sino en toda mi vida, y tal como recuerdo el pasaje en Éxodo cuando Moisés es llamado para ser enviado a la tierra de Egipto, y Dios le hace esta pregunta: ¿Qué es lo que tienes en tu mano?... Hoy estoy tan agradecido de que el Señor haya puesto una Biblia en mis manos, que no solo me ha conducido por una tierra extranjera sino que además ha abierto los mares delante de mí para darme a conocer cosas que jamás hubiera imaginado.

Así mi querido amigo, con éste breve relato me gustaría llevarte a la siguiente reflexión: ¿qué es aquello que siempre portas? ¿de qué forma te reconocen los demás por lo que cargas en tu manos? espero que al igual que Moisés, tu y yo podamos llevar todos los días la vara que a la orden del Señor obre siempre maravillas.

La Iglesia en Toulouse.

2 commentaires:

Anonyme a dit…

¡Wow! mi hermano... qué hermosa experiencia, doy gracias y bendigo a Dios que te ha derramado sus bendiciones y misericordias, que te ha acompañado todo este tiempo, difícil sí, pero de edificación también, porque estoy seguro que Él sigue forjando su carácter en ti. Recuerda que es bueno saber que las misericordias de Dios son nuevas cada mañana, pero también es importante que aprendamos a descubrir cada una de ellas y disfrutarlas, y compartirlas, porque son irrepetibles. Que Dios te siga bendiciendo, mientras nosotros de este lado del charco, oramos por ti.
Tu hermano en Cristo
Miguel Zapata

Eduardo Roldán a dit…

¡Mi hermano!

Muchas gracias por visitar este espacio y por dejar tu comentario que en verdad es un aliento para seguir en este caminar.

Deseo que el Señor siga fortaleciendo y aumentando las bendiciones en ti junto con la familia y prosperando tu servicio en la Iglesia, para qeu al final podamos regocijarnos al escuchar: buen siervo fiel, ¡entra en el gozo de tu Señor!

Un fuerte abrazo.